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    2019-06-12

    Uno de los rasgos más interesantes que encontramos en este retrato (figura 1) es la madurez y prolijidad que Portinari PF-3758309 en unos cabellos bien peinados —aunque con unas entradas muy pronunciadas y unas patillas perfectamente recortadas— en la piel marcada por el paso del tiempo, no obstante, gruesa y un tanto firme; tal vez la parte más importante y contrastante con el resto del cuadro sea la mirada serena y firme (enmarcada por unas gruesas cejas), la nariz recta, casi tersa a diferencia de las mejillas (salvo por una ligera sombra) y los labios suaves y rectos (pese a las líneas que descienden de la nariz, que marcan unas arrugas que bien podrían hacernos pensar en que, seguramente, las comisuras de los labios debían estar marcadamente caídas). En resumen, existe un contraste entre madurez y juventud, entre rispidez y tersura, ¿por qué? Casualmente, el año de elaboración del dibujo coincide con la de la liberación de Graciliano Ramos tras casi un año de prisión. Basta leer prácticamente cualquier trecho de Memórias do cárcere para de inmediato percatarse de que existe una gran discrepancia entre la forma en que Portinari percibe al escritor y en la que éste se percibe a sí mismo: Es interesantísimo realizar una lectura cruzada entre Memórias do cárcere y la obra de ficción de Graciliano. Existen constantes referencias a su obra ya escrita, pero también ideas y trechos idénticos a los que escribirá después; al menos tres cuentos surgen de la experiencia carcelaria: “Um ladrão”, “Relógio de hospital” y “Paulo”, por lo pronto nos interesan los dos últimos. Ambos textos tienen un matiz autobiográfico y relatan la experiencia hospitalaria de un hombre que se ha sometido a una cirugía: presiente la muerte, siente inutilizada la mitad de su cuerpo (la cual intuye que irá pudriéndose poco a poco a la vez que está siendo poseída por otro ser, Paulo, que toma su voluntad y lo domina) y sabe que en caso de recuperarse —tras una difícil y dolorosa recuperación— deberá volver a un mundo anodino y cotidiano. “Os meus braços descarnados movem-se, como braços de velho. Passo os dedos no rosto, sinto a dureza dos pêlos, as faces cavadas, rugas. Se tivesse um espelho, veria esta fraqueza e esta devastação”. Otro punto de suma importancia es el tópico del espejo, en los dos casos plasma la misma idea de que si tuviera un espejo podría mirar la ruina en que se había convertido su cuerpo. Resulta obvio que tanto en la “Colonia correcional” como en el hospital no poseía tal objeto, lo que resulta incomprensible es la obsesión que le despierta la idea de poder mirarse. Según Henri-Pierre Jeudy, el “Habeas corpus [é um] princípio [que] consagra a idéia comum de que, se nosso corpo nos pertence, isso ocorre na medida em que somos sujeitos do objeto que ele representa”. Justo lo que le sucede a Graciliano-personaje y a los protagonistas de los cuentos es que, al no poder mirarse, no pueden llevar a cabo este principio, no pueden apropiarse de su cuerpo, porque no tienen la oportunidad de realizar el desdoblamiento completo en sujeto y objeto de sí mismo. Ellos se encuentran en una etapa anterior a ese reconocimiento, sólo pueden hacerse alguna idea de lo que es su corporeidad por medio del tacto, a través de la sensibilidad más inmediata, e incluso ésta comienza a desaparecer, ya que el vacío y el torpor se apoderan del cuerpo al grado de pensar que una mitad está pudriéndose y siendo tomada por un otro, tal como leemos en “Paulo”: “Ficaria aqui a parte esquerda, a direita iria para o mármore do necrotério. Cortar-me, libertar-me deste miserável que se agarrou a mim e tenta corromper-me”. Este proceso que comienza por la necesidad de sentir el cuerpo y pasa por el dolor extremo desembocará en la imposibilidad de controlarlo y en su ulterior desmaterialización: Al respecto Jeudy, menciona que de la misma forma que para hacernos conscientes de nuestro cuerpo debemos hacerlo objeto de nuestro pensamiento, reflexionar sobre su muerte implica el mismo proceso; se pregunta entonces: ¿será que la realidad del cuerpo no es más que una mera ilusión? Ante esa perspectiva afirma que dicha ilusión es esencial, ya que sin ella el cuerpo no podría ser la fuente de los placeres que el individuo experimenta.