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  • Eligio Mar a Ancona Castillo naci en la ciudad de

    2019-06-12

    Eligio María Ancona Castillo nació en la ciudad de Mérida, el 1° de diciembre de 1836. Después de cursar los estudios elementales en la escuela de su padre, inició los cursos preparatorios en el Seminario Conciliar de San Ildefonso. Más tarde se inscribió en la Universidad del Estado para iniciar la carrera de Jurisprudencia, en la que obtuvo el título de abogado en 1862, entonces ya con el nombre de Colegio Civil. Inició sus labores literarias purchase PR-171 principios de 1860 en , y más tarde en , y . Pero indudablemente, durante estos años el acontecimiento literario más importante fue la publicación de su primera novela larga titulada (Mérida: Imprenta de la Sociedad Tipográfica, 1861). Al conocerse, a finales de 1861, la presencia de la escuadra de España, y la inminente de Inglaterra y Francia, el 1° de enero de 1862 publicó el editorial de , en el que exhortaba a todos los mexicanos para que olvidaran sus diferencias ideológicas y unieran sus fuerzas en la lucha contra los invasores. Durante la intervención francesa, a pesar de las diversas tentativas que llevaron a cabo las autoridades imperiales en la península para que desistiera de sus ideas, como la reedición de su segunda y tercera novela, y en las prensas de Rosa y Bouret, en París —que se habían publicado en Mérida, en 1864, por Leonardo Cervera—, fundó y para combatir el imperio y formó parte del grupo liberal acaudillado por Manuel Cepeda Peraza, el principal opositor en Yucatán a la política de Maximiliano de Habsburgo. Al triunfo de la República en la península, el periódico , en septiembre de 1867, propuso a Eligio Ancona como diputado federal y un mes más tarde como Vicegobernador, después de que había ocupado la Secretaría de Gobierno al lado del general Cepeda Peraza. Al efectuarse las elecciones, triunfó como Vicegobernador; pero prefirió trasladarse a México a ejercer sus funciones como diputado. El 3 de abril el presidente Benito Juárez lo nombró gobernador interino del estado de Yucatán (, Mérida, 6 de abril de 1868: 1); y años más tarde, en marzo de 1875 tomó posesión del estado de Yucatán como gobernador constitucional para un período que terminaría el 31 de enero de 1878 (Menéndez: 101, 103-104), pero renunció unas semanas después del triunfo de las huestes porfiristas, en la batalla de Tecoac, el 16 de noviembre de 1876, que habían proclamado el Plan de Tuxtepec. Siendo gobernador contrajo matrimonio civil con Manuela Albertos Zavalegui. Aun durante el desempeño de sus actividades políticas, nunca abandonó el cultivo de las letras, pues en 1869, encontrándose en la Cámara de Diputados, buscó en la ciudad de México editor para su novela , que no se publicó sino un año después, en 1870, en la imprenta de José Batiza (: 101-102). Una novela indianista, “la más indianista del grupo romántico mexicano” y por lo tanto “la más antiespañola”, según opinión de Concha Meléndez (95-96). Y no hay que pasar por alto que la novela se terminaba de redactar en 1869, esto es, cuando se celebraban los 350 años del inicio de la conquista de México, y seguramente a Stop codons Ancona le habría gustado que se hubiera publicado durante ese año para acallar en parte los gritos de entusiasmo y de celebración de todos los . Pero ahora, libre de compromisos políticos, pudo con más tiempo dedicarse a las labores literarias. Fueron estos años de una gran actividad historiográfica y humanística, pues entre 1878 y 1880 aparecieron los cuatro tomos de su (Mérida: Imprenta de Manuel Heredia Argüelles). En 1879, también en las prensas de Manuel Heredia Argüelles, apareció la edición definitiva de , otra de sus grandes novelas, cuyas primeras entregas habían visto la luz en su propia imprenta en 1866 cuando editaba .
    Igual que otros integrantes de Contemporáneos, Gilberto Owen desempeñó un activo papel de mediador en la República Mundial de las Letras, ya como crítico, ya como traductor. Ambas actividades, según Pascale Casanova, resultan fundamentales en la conformación del patrimonio literario nacional e internacional, porque “al igual que la crítica, la traducción es, en sí misma, valorización o consagración […] El reconocimiento crítico y la traducción son, por consiguiente, armas en la lucha por y para el capital literario” (39). Estas instancias, sin duda, delinean el valor literario de acuerdo con los intereses de las instituciones, grupos, revistas, cenáculos, etcétera, que los arropan.