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    2019-06-12

    Asimismo y con distinto énfasis entre sí, estas crónicas presentan la dimensión de la escritura de la historia como reparación, como sutura del trauma, y también como espacio textual único para la supervivencia de memorias en constante proceso de desaparición. Esto les confiere cierto ubicuo tono de nostalgia o lamento, en especial en el tratamiento de lo perdido: memorias, pinturas, saberes y también, claro, en cuanto order KU57788 la pérdida literal de grandes personajes y la destrucción de espacios (palacios, puentes, mercados, ciudades enteras) otrora magníficos, vinculados siempre con la historia de un estrato específico: el de la nobleza indígena. Se asiste aquí al funcionamiento de la narración en tanto estructura que permite hacer inteligible la experiencia, comprender incluso lo inverosímil, colocándolo en nuevas coordenadas tempo-espaciales occidentales, en nuevas causalidades, más allá de la honda herida de la ruptura cultural y social consecuencia de la Conquista. En todos los casos y en distinta medida, la narración histórica también se presenta como apuesta futura, quizá como utopía: espacio de reunión textual de tradiciones encontradas; también de discusión del legado autóctono y occidental, y de conformación de un locus de enunciación nuevo que permita reconvertir el papel de estas comunidades subalternas en las complejas dimensiones sin crónicas y diacrónicas de la sociedad colonial. Estas escrituras tensan el deseo de lo real hacia el deseo de la utopía, configurando, en el complejo entrelugar de su narrador-cronista, el espacio de la supervivencia. En este dossier nos proponemos, entonces, atender a las distintas dimensiones hasta aquí enunciadas, con contribuciones de especialistas de distintos países (México, Colombia, Argentina, España, italia), distintas disciplinas (la historia, la literatura, la crítica), distintos corpus. En buena medida, constituye también una actualización de los debates de los años ochenta y noventa, a los que aludimos al comienzo. Si los resultados efectivos de esta revisión en el paradigma de los estudios coloniales hispanoamericanos aún están siendo evaluados, en cualquier caso entendemos que abrieron la puerta a pyloric sphincter una concepción mucho más compleja y densa de este corpus cronístico, desde una perspectiva diacrónica y comparativa, que entrecruce las herramientas de la historia y la literatura. Ésta es la propuesta (y la apuesta) que presentamos aquí.
    Durante el primer viaje al Nuevo Mundo, Cristóbal Colón entró en contacto con los pueblos indígenas del Caribe. Los taínos fueron una de las primeras muestras de la diversidad del continente americano que la civilización europea encontró a principios de su historia colonial. Es comprensible, pues, que las expectativas y los deseos del Viejo Mundo hayan influido en los procesos de representación de la alteridad cultural al comienzo de la época de los descubrimientos geográficos. Esto es particularmente evidente en lo que respecta a las primeras descripciones de la dimensión religiosa de los taínos. No olvidemos que la religión, como código primario del pensamiento y de las prácticas sociales del Viejo Mundo, había dominado, durante la Edad Media, el ámbito público y privado de la vida europea y orientó también las relaciones entre culturas en la época del contacto con el Nuevo Mundo. Desde el primer encuentro, la mirada de Colón respecto de los taínos resulta opaca, dominada por categorías cognitivas medievales e incapaz de retomar aquellos elementos de interés etnográfico que habrían permitido una reconstrucción fidedigna de la religión de los pueblos de las Antillas. Si bien ésta aparece hoy en gran medida irrealizable (salvo, quizá, a través de la arqueología), las fuentes documentales colombinas resultan de capital importancia para rescatar los discursos sobre la religión al comienzo de la Edad Moderna. No obstante su limitada capacidad de comprensión de la diversidad cultural, los discursos colombinos abrieron una reflexión sobre la pluralidad de los sistemas religiosos que produjo, en el espacio de unas pocas décadas, la aparición de una “nueva ciencia”: la historia de las religiones.